TORRIJOS EN LA RED

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miércoles, 18 de mayo de 2016

LA HOGUERA



LA HOGUERA

Una de las escenas que menos me agradó de El Quijote fue cuando se quemaron numerosos libros por parte del barbero, el cura y el licenciado, manifestando que esos libros habían sido los responsables de su locura. No sé si Cervantes  se quiso convertir en miembro de la Inquisición, pero el hecho de mostrarnos un hecho tan despreciable fue un gran error por parte de Cervantes, que no se mostró como el "Fénix de los Ingenios", pues mostró poca sensibilidad con los libros, por muy malos que fueran escritos  o por muy malos que fueran los argumentos que los mismos desarrollaban.

La quema de libros ha sido una constante en historia, y no solamente la destrucción de obras de arte, como son esculturas, inscripciones, cruces, recuerdos del pasado, la destrucción del Palmira por el Estado Islámico etc. La ley de la Memoria Histórica está llevando a cabo una actitud semejante a la mencionada más arriba, destruyendo numerosas inscripciones, lápidas, nombres de calles, y otros numerosos conjuntos pétreos que muestran una imagen de una parte de la Historia de España, que agrade o no ha existido.

Un error de esta actitud  lo comprobamos en la inquisición, cuando no solamente quemaban personas por no pensar igual que los administradores de la fe, sino que se quemaban numerosos libros que no coincidían con el pensamiento religioso. ¿Habría que destruir todos los documentos, legajos, nombres de calles, inscripciones y obras de arte o escenarios donde  la Inquisición intervino? Sería catastrófico para nuestra cultura y para el conocimiento del pasado.

La quema de libros no solamente ha sido llevada a cabo por instituciones religiosas, sino que las corporaciones políticas o gobiernos absolutistas realizaron esta misma acción al objeto de eliminar todos los escritos que se oponían a sus ideas. Tal es el caso de Hitler quien mandó o permitió la quema de aquellos ejemplares que no eran adictos a sus pensamientos. Y lo mismo sucedió en Chile cuando Pinochet accedió a la jefatura del Estado mediante un golpe que dio por tierra al gobierno popular.

Una novela que muestra semejantes actitudes es la famosa “Farenheit 451”, del autor americano Ray Bradbury, novela de gran impacto en su época y que aún se continúa leyendo, donde la quema de los libros que no coincidían con el credo político había que destruirlos mediante la hoguera.

¡Cuántas personas han sido sacrificadas injustamente por mostrar sus ideas o por publicar sus creencias que no coincidían con la norma establecida por un grupo social.

Miguel Servet fue condenado por un tribunal en Ginebra por dudar sobre la Santísima Trinidad o por la circulación de la sangre. Murió en la hoguera y despreciado tanto por católicos como por protestantes.

Galileo se atrevió a defender la teoría de Copérnico que indicaba que la Tierra no era en centro del universo, como había manifestado Ptolomeo, sino que se movía alrededor del sol, por lo que le llevaron a un tribunal. Se le condena a prisión perpetua, y se le exige que abjure de sus ideas, cosa que hace poco después, manifestando la famosa frase “e pur si muove” (y sin embargo se mueve).



Pero recientemente hemos asistido a un hecho que viene a imitar a los nazis, a los quemalibros del Quijote, a los islamistas cuando hemos visto a una  política ¿política? del grupo Societat Civil Catalana, Empar Moliner, quien en medio de su parlamento en Cataluña ha quemado una publicación de la Constitución española. Este acto ya lo habíamos presenciado con otro político de Amaiur, Sabino Cuadra (apellido que le va muy bien) aunque sin la quema, pues solamente la destruyó con las manos, pero la intención era la misma: la destrucción.

                Esta mujer y este hombre han mostrado la poca educación que tienen, la escasa sensibilidad hacia los libros. Se han mostrado como dos energúmenos, como dos ejemplares dignos de figurar en las páginas de El Quijote como destructores de la cultura, de la política y de la buena educación. Personas como las mencionadas deberían figurar en las crónicas negativas de la historia de nuestra nación para ejemplo de lo que no se debe hacer.


                Recordamos  el horror que supuso para la cultura el robo del llamado “Códice Calixtino” de la catedral de Santiago por un trabajador encargado de asuntos referentes a la electricidad, códice que se hallaba guardado en una cámara acorazada, junto con otros manuscritos, para su protección. Fue realmente una noticia que conmovió al mundo de la cultura ya que su desaparición habría supuesto una pérdida irreparable para nuestra historia y para nuestro acervo cultural, pues semejante libro supone un hito para cultura española en relación con el Camino de Santiago.

                Me tiemblan las manos al pensar que pueda haber enemigos de cualquier  religión o cultura que puedan quemar o destruir los legajos, libros, códices, manuscritos, pergaminos que se encuentran protegidos en numerosos monasterios, iglesias, ayuntamientos o registros civiles porque no se identifican con sus creencias. Muchos de los escritos consignados han ido configurando la cultura de numerosas poblaciones y países, han mostrado la evolución del pensamiento, el progreso  y desarrollo de la cultura, sin los cuales hoy el mundo no sería lo que es, sino que aún nos mantendríamos en la edad de piedra o algo semejante.