TORRIJOS EN LA RED

TORRIJOS EN LA RED

jueves, 16 de junio de 2016


En una entrada anterior del blog habíamos hablado de la encrucijada que supuso en la historia inglesa el año 1066. La suerte del país se decidió en unos días en tres batallas: Fulford, donde los  noruegos del rey Harald Hardradda (apoyado por Tostig, hermano del rey sajón) vencieron a los sajones; Stamford Bridge, donde  se produjo la derrota de los noruegos y la muerte de Harald y Tostig por el ejército de los sajones del rey Harold Godwinson; y Hastings, donde finalmente el país fue conquistado por los normandos del duque Guillermo que vencieron y dieron muerte a Harold. Quien quiera más detalles sobre las bases en las que basaban sus aspiraciones al trono tanto el rey noruego como el sajón Harold y el normando Guillermo puede leer la entrada dedicada en el blog a Emma de Normandía.
Sin embargo, una cosa era haber derrotado militarmente a los sajones en Hastings y otra muy diferente era que ello supusiese la sumisión del país al invasor ejército normando. De hecho, las fuerzas sajonas supervivientes tras la derrota organizaron una dura resistencia contra los normandos en su avance hacia Londres e incluso llegaron a elegir como rey para suceder a Harold a Edgar Aetheling. Pero aunque la vieja tradición sajona contemplaba la elección de la asamblea de notables como forma de designar un rey, la costumbre continental requería una ceremonia de coronación como la definitiva toma de posesión del trono. Y Edgar nunca llegó a ser coronado en Westminster. Por ello, los normandos nunca reconocieron a Edgar como rey de Inglaterra.
Consciente de ello Guillermo de Normandía aceleró su avance hacia Londres, en el que alternaba una violenta política de tierra quemada en la que arrasaba poblaciones como Romney o Dover con negociaciones con los magnates de la nobleza y el clero sajón para sumarlos a su causa, perdonando a la gente de ciudades como Winchester a cambio de una importante suma.
Sin embargo, a medida que se aproximaba a Londres, Guillermo supo que los ciudadanos de la capital le habían cerrado sus puertas y no tenían intención de permitirle entrar en la ciudad. Las noticias de la elección de Edgar tampoco contribuyeron a tranquilizar al normando. Pero la toma militar de Londres era francamente complicada, entre otras cosas porque entre el ejército de Guillermo y la ciudad se interponía el río Támesis.
Guillermo, que contaba con el problema añadido de dotar de suministros a sus tropas,  optó por una táctica que ya había usado antes y que repetiría años después cuando el norte del país se levantó contra él: la quema  de poblaciones, asesinato de hombres  y apropiación de las cosechas de los condados circundantes (Sussex, Kent, Hampshire, Middlesex y Hertfordshire).
La escasez de alimentos que esta política supondría para los londinenses y la partida de la ciudad de los condes de Mercia y Northumbria con sus tropas acabaron doblegando a los ciudadanos de Londres y una delegación encabezada por el propio Edgar se dirigió a Berkhamsted y allí rindió homenaje a Guillermo .
Quedaba pendiente la cuestión de la coronación de Guillermo en Westminster; el normando dudaba. Por un lado prefería esperar a tener un mayor dominio militar del país y a la llegada de su esposa desde Normandía para que fuera coronada junto a él. Por otro, sería más sencillo obtener la sumisión de los que todavía no le reconocían si lo hacía como rey coronado en Westminster y con ello se pondría fin además a la discusión sobre si Edgar era o no el sucesor de Harold.
Finalmente se impuso la segunda opinión y se hicieron todos los preparativos para que Guillermo fuese coronado en una brillante y solemne ceremonia en Westminster el día de Navidad de 1066. Inicialmente todo se desarrolló de conformidad con el ritual habitual en las ceremonias sajonas, con el arzobispo de York presidiendo la celebración y el nuevo rey realizando el tradicional juramento sobre el desempeño de su cargo.
Pero en un momento determinado los acontecimientos dejaron de seguir su curso conforme a lo establecido. Las versiones de lo ocurrido varían según la fuente. Para los historiadores normandos, a la guarnición que se encontraba en el exterior nadie le había explicado que como parte del ceremonial se preguntaría a los notables presentes dentro de la abadía si aceptaban al nuevo rey y que esta pregunta debía ser contestada a viva voz en primer lugar en inglés por los sajones y después en francés por los normandos. Al escuchar el griterío, los soldados normandos pensaron que se había producido una traición sajona de última hora y se lanzaron a la quema de las casas cercanas a la abadía, aprovechando para dedicarse al pillaje y a atacar a los ciudadanos londinenses.
Por su parte las fuentes sajonas niegan esta versión, con un argumento que parece difícilmente discutible: si los soldados normandos hubiesen sospechado que Guillermo se encontraba en peligro se hubiesen dirigido al interior de la abadía en auxilio del rey en vez de someter a las viviendas cercanas al fuego y al robo. Para añadir más confusión a la ceremonia, entre las personas que se encontraban dentro de  la abadía cundió el pánico y huyeron de la iglesia: algunas fueron pasto de las llamas y otras se sumaron al saqueo que estaban llevando a cabo los soldados normandos.
Con la abadía casi vacía y con las pocas personas que permanecieron en ella temblando de miedo, la ceremonia sin embargo siguió adelante y Guillermo fue coronado y ungido con los óleos sagrados que le confirmaron como rey de Inglaterra. Pero, en palabras del historiador sajón Orderic Vitales la forma en que se desarrolló la coronación fue un auspicio de mal agüero.
Efectivamente durante los años siguientes Guillermo tuvo que seguir sofocando diversas rebeliones sajonas como se narra en la entrada del blog dedicada a Hereward el Proscrito. En su lucha contra los focos de resistencia sajones Guillermo se comportó en ocasiones con sus súbditos y sus tierras más como un tirano invasor que como un rey de Inglaterra ungido y coronado en Westminster.
Fuente | Marc Morris: The Norman conqu