TORRIJOS EN LA RED

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viernes, 22 de abril de 2016

PROPUESTAS MUERTAS

PROPUESTAS MUERTAS

La Educación en España es el caballo de batalla de la izquierda. Todos los grupos de izquierdas se sienten "propietarios" de la Educación. Solamente la educación que ellos proponen es la legitimada para ser enseñada en los centros educativos. Por ello luchan tanto por apoderarse de los centros de enseñanza, por ello existen consejeras de educación que hablan de una educación de color "rojo, rojo socialista", como de una manera escasamente inteligente propuso una mujer en Castilla La Mancha.
    Por ello les rechinan los dientes cuando un grupo conservador o liberal presenta una ley de educación. No admiten el diálogo, no admiten que se metan en su territorio vedado para la educación. La educación es de color rojo y no hay otro color. Y si se trata de colorearlo con el arco iris los de siempre tratan de eliminar todos los colores para que solamente quede el rojo-socialista. Así nunca se llegará a solucionar la educación. Siempre habrá ruptura.
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     Ahora, tras el fracaso para llegar a la formación de un gobierno Albert Rivera nos trae la solución: una persona independiente, un intelectual como presidente de gobierno. Y propone como ejemplo a José Antonio Marina, un filósofo toledano que destina su actividad a la enseñanza en un instituto. 
      Dudo que una persona de estas cualidades, elevadas cualidades, tenga la necesaria para dirigir un gobierno de España. Los filósofos, los intelectuales no sirven para la política, pues sus pensamientos son tan elevados que no se paran en la tierra para pisar la realidad. Además, al no ser personas de partido y de ideas políticas a pie de calle, no sabrían enfrentarse a la dialéctica a veces llena de ira, de argumentos pueblerinos, de expresiones a veces soeces o argumentos llevados a la práctica, pues sus expresiones serían extremadamente educadas que constrastarían con lenguajes llenos de pasión política y en cualquier momento llevarían a situaciones complicadas.
         En España ya hemos tenido la experiencia de numerosos intelectuales que han fracasado en la política. recuerdo a Ortega y Gasset, o Gregorio Marañón, Madariaga o Unamuno que cuando intentaron acceder a este mundo tan práctico sus ilusiones se vinieron a la realidad de la tierra y fracasaron estrepitosamente. "No es eso, no es eso", decía uno de ellos, Ortega, cuando hablaba de la República que se trataba de llevar a cabo. No sirvió de nada, pues su filosofía no era entendida por los prácticos de la política.
      La política necesita personas de partido, personas que sepan enfrentarse a la realidad y encontrarse en un mundo de ideas, de pensamientos elevados, que sirven para hacer meditar, pero no para llevar a un parlamento las ideas prácticas que se necesitan para cuadrar números, establecer componendas con los adversarios. En definitiva "pasar de las musas al teatro" de la política y no quedarse exclusivamente en el pensamiento y en la creación de ideas.
     Por ello la propuesta de Albert Rivera nace como una propuesta inviable; como originalidad está bien, pero como manfestación práctica es nula.